(sin título)

26 10 2009

No estoy, no soy, no existo

No me ves, no me oyes, no te resulto

Ni solución, ni castigo

Nada

 

Sólo está el dolor

Siempre conmigo

Silente

Sordo compañero de camino

 

la sonrisa es un placebo





De por qué no se han de escuchar las opiniones ajenas (ni siquiera si son positivas)

14 10 2009

Cuando vi que nada surgía al ponerme a escribir, me asusté un tanto. Los minutos secaban la tinta de mis bolígrafos e hice un foso de los de antaño a cuenta de tanto caminar alrededor de mi propia sequía creativa. Me forcé, como si fuera la vida en ello, y eso que yo escribía por puro entretenimiento, y brotaron imágenes teratogénicas que agonizaban antes incluso de llegar a la propia consecución de su frase. Hice fotografías que miré hasta la extenuación (¿puede uno extenuarse de mirar? diríase que sí) tratando de hallar a la musa en algún rincón y me provoqué pesadillas diurnas.

En vista de mi nulo éxito, me mesé la cabellera cual aplicado enfermo mental, aticé el fuego y toqué todos los timbres del vecindario. Es que dicen que todos los héroes emprenden una búsqueda y yo no quería ser menos. Pero no sirvió de nada ¡de nada!

Vino alguien, que se tocaba la barba circunspecto y cruzaba las piernas al sentarse. Tenía aspecto de experto. Y me dijo con profumda voz de hombre-hombre “aborta en las putas esdrújulas”. Pensé de inmediato que dicho alguien necesitaba con urgencia una bufanda de hilo blanco y un poco de mescal. También sentí tremenda admiración por su empaque e impostura. Y un buen día, no me pregunten porqué, llegué al mensaje.

Decidí parir sentencias complejas y oraciones yuxtapuestas pero abortar en las esdrújulas. Lo puse todo perdido, huelga decir. Y añoré a todos mis niños porque soy, lo que alguien denominó, esdrujulofílica. No puedo evitarlo. Así que me repuse de la sangre perdida, con diagnóstico pero sin acertar a escribir nada decente todavía.

¡Absorta en las esdrújulas! ¡Qué castigo!

Lo recordé un día durmiendo entre gin tonic y gin tonic —>nota: también dicen que todos los escritores son alcohólicos y ese estado es incompatible con escribir nada decente. Ya lo he probado.  A la larga con la vida también, pero nadie se lo plantea. Eso sí, hubo un par de noches en que me contaron que me lo pasé fenomenal.

Confusa pues, a causa de las abundantes opiniones acerca de lo que debe ser alguien que escribe, cómo se prepara el proceso creativo y se espolea, me dejé abatir por la desesperación. Y la desesperación, que es una certera tiradora, me abatió. Vaya si me abatió.

Renqueante de una pierna, regresé a mi cubículo, zaherida y con toda la esperanza perdida (valga la curiosa musicalidad que esta frase ha generado). En mi excursión no sólo había continuado sin escribir una línea, sino que había sido diagnosticada de una enfermedad literaria (o vicio vulgar) altamente incapacitante, me había convertido en ex-alcohólica (si se puede dejar de serlo) y cojeaba.

Menudo cuadro. Mejor me dedicaba a la pintura.





Dispersaos, aquí no hay nada que ver

4 08 2009

no eyes

 

Érase una vez una niña a la que se le derritieron los ojos de tanto mirar la pantalla de su teléfono móvil… menos mal que crecen otros!





Quizá mis miedos (billetes para el Transiberiano)

21 07 2009

Sueño con Rusia. Todas las noches desde hace unas semanas. Desde que alguien leyó mi sino como se cuentan los años de un árbol. Alguien agachó la mirada y negó con la cabeza cerrando de golpe todas las puertas. Sueño con Rusia y las grandes extensiones en las que seré muy pequeña y mis preocupaciones poco importantes. Sueño con Rusia porque allí no seré yo. Allí seré una lente que observe, unos ojos tras el cristal, un cuerpo más recorriendo la noche, una mochila bajo el cielo gris. Sueño con Rusia para cuando no pueda ni soñar porque el dolor me despierte y tenga que morderme los nudillos para no chillar.

…quizá un día te dejes abrazar por mis miedos. Y te avengas a un reino sórdido de quemazón y huesos rotos. Quizá un día todos mis miedos te acunen en una nana suave y llores estas sábanas entumecidas de dolor. Quizá vayas y beses el acero helado de mis andamios. Quizá lamas los radios de mis ruedas con pasión. Seré como el Vasa, gigante e inmóvil, atracado en mi puerto de origen. Yo también pienso estar aquí mirando el techo por los siglos de los siglos. Después de amontonar todos kilómetros en mi espalda.

Sueño con Rusia y creo que me estoy obsesionando. Voy más allá de Rusia en un pestañeo. Antes siquiera de abrir los ojos he pensado esta mañana: “Este dolor es una jaula”. Eso me convierte a mí en pajarillo, en un batir de alas a ratos ansioso, a ratos melancólico. Pero en ese momento sólo pienso que el dolor que me ha despertado es una jaula muy lejos todavía de Rusia. Mi mente lúcida y mi alma ansiosa subliman todos los hermosos destinos en pos del quejido mortal que me vertebra. Que me recorre como un relámpago helado al sentarme en la cama. Me resisto a abrir los ojos, venzo por unos segundos la curiosidad de descubrirme, vulnerable y raquítica. Con las raíces muertas que me atan al suelo, con la sangre coagulada en los tobillos y las venas azules que abultan bajo la piel.

…quizá mis miedos serán los que hagan girar el engranaje una vez más y salga vapor de mis lacrimales. Son mis miedos los que leen con avidez los libros que prometen áridas extensiones, no yo. Son mis miedos y no una vacía búsqueda de plenitud y expectativas los que ahorran las monedas para invertirlas en un tramo más del tren. Son mis temores los que mariposean entre los nombres desconocidos y sonoros  (Ulaan Bator, Novosibirsk, Baikal, Irkutsk, Vladivostok, Tarskaya…)y los susurran entre dientes antes de dormir. Quizá miedos le ganen tiempo al tiempo en los siete husos horarios que guardaré en mi mochila. Quizá mis miedos hagan que cuando cierre la puerta del vagón, empieces a echarme de menos.

Desde Rusia (a Pekín) con amor


Quizá entonces, después de todo, esos serán también tus miedos.





Brrrrr

6 07 2009

- ¿Por qué te abrigas tanto?

- Es que ahí fuera hace un miedo de morirse…

Acto seguido, se cubrió la cabeza con la capucha festoneada de pelo sintético, se ajustó los guantes y cerró la puerta tras de sí. Toda precaución es siempre poca. Incluso en pleno Julio.

 

Four seasons of ice