A veces uno se encuentra en la historia de la música con carreras breves que han dejado estelas perdurables que han influido y servido de referencia a muchos de los que han venido después. Terriblemente complicado hoy en día, una época en la que la inmediatez y la cercanía y facilidad de los medios de difusión favorecen la producción masiva. Existen, sin embargo, algunos hitos musicales que compartieron una porción muy breve de su genialidad pero que la hicieron perdurar mucho más que dilatadas carreras (llenas de nada).
Es posible que todos pensemos en algunos ejemplos como Nirvana que inició el movimiento grunge y se convirtió en icono de una generación con apenas tres álbumes de estudio; Sex Pistols que iniciaron el punk (con permiso del grupo peruano Los Sicos que en 1964 ya hacían punk andino) como género en 1978 con su único trabajo Never mind the bollocks, here’s the Sex Pistols; Janis Joplin que, a pesar de tener una discografía póstuma bastante nutrida, los discos publicados en vida fueron tan sólo dos; Jimi Hendrix que se hizo un hueco para la posteridad con tres álbumes.
Todos ellos, unidos por el nexo común de las drogas como (presunto) final abrupto de carreras que se presagiaban relevantes, han tenido hondo calado en la memoria musical colectiva y se han confirmado en el imaginario como importantes piedras de toque en los diferentes estilos que abanderaban.
Sin embargo, hay algunas carreras rutilantes que pasan por desconocidas pero son una corriente subterránea que vertebran épocas enteras:
- Syd Barret: la psicodelia inglesa tiene mucho que agradecerle a uno de los fundadores de Pink Floyd que fue compositor, cantante y guitarrista del primer y exitoso álbum de la banda, The Piper at the Gates of Dawn (1967). Debido a sus problemas con el LSD, Barret abandonó la banda y publicó dos discos en solitario, menos deslumbrantes que el que firmada con Pink Floyd. Pocos años después se retiró y rehuyó toda actividad pública o siquiera musical. Tras algunas apariciones extravagantes, el imaginario popular cuenta que el artista, desequilibrado mentalmente, protagonizó algunas aventuras como las que cuenta su famoso tema “Arnold Layne”. Veinte años después, durante una entrevista, afirmó no recordar nada sobre el grupo que lo encumbró ni sobre sus integrantes.
- Jeff Buckley: nadie puede afirmar tan orgullosamente como este artista haber marcado de manera tan indeleble la historia musical. Grace, su primer y único álbum de estudio, era el prometedor inicio de una carrera que apuntaba ya muy alto y que se truncó de forma misteriosa y trágica para alimentar la leyenda. “Lover, you should’ve comer over” o el tema que da título al disco, “Grace”, han sido versionados hasta la saciedad y su peculiar voz ha sido reconocida como influencia por músicos actuales como Thom Yorke (de Radiohead) o Matt Bellamy (de Muse).
- Family: este trío donostiarra tan sólo publicó un trabajo en 1993 llamado Un Soplo en el Corazón que se componía de maquetas grabadas en casa durante los años 1989 y 1990. Rehusaron hacer apariciones públicas, concedieron pocas entrevistas y ofrecieron un número muy limitado de conciertos lo que les confirió el halo de misterio que contribuyó a dejar su impronta como adalides del Sonido Donosti, con raíces comunes al Sonido Manchester. Su trabajo se reeditó en 2003 y sirvieron de base a todos los grupos de pop español que vinieron detrás. De hecho, grupos como Los Planetas, Fangoria, La Casa Azul o Nosoträsh participaron en el homenaje que se les ofreció con motivo de la reedición de su trabajo.
- Maddening Flames: este grupo gaditano, con tan sólo dos trabajos y especialmente con el segundo y último Six Ways to Sunday, publicado en 1995, demostraron que los grupos de pop español también podían labrarse una trayectoria respetable y creíble cantando en inglés. No en vano, en la trastienda de esta formación se encontraba Paco Loco, afamado productor que cuenta entre sus éxitos el respaldo de artistas de la talla de Bunbury, Sr. Chinarro, Maga, Nacho Vegas o Niños Mutantes. Lástima que la banda se desintegrara sin haber alcanzado el máximo de sus posibilidades que se vislumbran en su último trabajo.



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